
Hay frio en la Ciudad Gris, aunque Octubre es un calido mes.
Los Vientos del Norte me indican que aun soy fragil,
ellos pueden derrumbarme en un segundo si me descuido un momento.
A veces son crueles con mis manos, ya que las enfrian a tal punto de perder la movilidad de mis dedos.
Hubieron otros tiempos en que estos Vientos eran cálidos y su roce en mi rostro eran caricias maravillosas. Conocia bien el sonido que antecedia a su llegada, y tambien su aroma cuando me inundaban en un vaiven de caricias de Viento. Tiempos aquellos en que fuimos uno solo, cuando la noche caia y me golpeaba la ventana. Yo la abria presurosa a su encuentro, para abrazar su maravillosa existencia.
Pensé en convertirme en Viento tambien. En Viento del Sur. Sin embargo la tibieza de este Viento Nortino escapó de pronto, sin dejar rastro, y en su lugar no queda mas que el frio que congela el pasado, eliminando todo como a las hojas en Otoño. Siniestro fin para mi cuerpo que aun congelado, escribe estas lineas.
Ya no quisiera ser Viento, ni del Sur, ni del Oriente, ni de ninguna clase. Prefiero mantener mi corazon tibio, asi que no encontré mejor solucion que quitarmelo del pecho y guardarlo bajo mi cabecera, hasta que el Viento pase y mis manos ya no estén congeladas.