No quería volver. No quería llegar nuevamente a esta ciudad; en realidad es mi alma a la que no le gusta aquí.
Mis ojos no querían volver, y, como rechazo a mi dura decisión, mientras viajaba me hicieron una huelga de lágrimas que intenté disimular con mis lentes de sol.
Mi boca también se unió a esta huelga de lágrimas y gritaba que me devolviera. Mis piernas se paralizaron por algunos segundos antes de subir al bus, y mis manos no querían entregar el boleto.
Mi cuerpo y mi alma me odiaron, y yo también lo hice, creanme. Sin embargo estoy de vuelta en esta Jungla fría y solitaria, esperando a que el tiempo se haga polvo y vuele tan rápido que no me dé cuenta y pueda escapar nuevamente de este encierro de cemento.

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