
Me perdí por un par de minutos, tal parece que crucé una puerta interdimensional que me llevó a correr por un par de minutos hasta que volví a tierra firme. A pesar de haber estado a las puertas de una desesperacion inminente, logré encontrar la salida y llegar a tiempo al Hoyts de huerfanitos. Sin embargo perdí mi sombrero. Mi gris y estiloso sombrero que me acompañó en estas frias tardes santiaguinas. Fué mi acompañante y confidente mientras recorría las laberinticas calles escasas de luz.
No sé si por casualidad o mi desesperanza fue que encontré $1000 en el suelo. Tal vez para que me comprara otro, o pra que corriera al primer negocio a comprarme un heladito, o un globo de helio para olvidarme por un rato de mi pérdida, así como se procede con un niño cuando está triste. Pero no sirvió de nada. Ni siquiera habían estrellas en el cielo esa noche para consolarme. No estaba mi Osa mayor, que en realidad no es la Osa mayor, sino la Cruz del Sur.
Sin embargo ayer fui feliz recorriendo calles místicas escondidas entre los muros grises que dan a un laberinto interminable de ansiedad. Ollas , sartenes y artículos de cocina adornaban esa calle, sin embargo la mística sin adornos de una bien caminada y jocosa tarde de domingo le dan el tinte perfecto junto a un tenue farolito que iluminaba mis pasos.

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